martes, 1 de diciembre de 2015


DICIEMBRE 2015. inicio. En Lisboa, la desesperada Gioconda Gouveia sufre por la terrible enfermedad de su marido, Dalmiro, quien al morir las llena de dolor a ella y su joven casta y bella hija, Marilia, quien vive un tórrido y fugaz romance con Dudú Pinheiro. Pronto las dos mujeres descubren que el hombre las dejó en la ruina y tras ello todas las puertas se les cierran por lo que Gioconda intenta casar a su hija con Dudú pero los padres de esta se oponen al enterarse de que las mujeres han quedado en la ruina por lo que las dos, desoladas, consideran mudarse a Campo Real, Brasil, donde tienen a una parienta lejana: Ana Flávia de Castro, una vanidosa y exhuberante mujer tullida de vicios y frivolidad que comparte con el apuesto y sensual Sandro Lombardi, ahijado de su marido, Leoncio, quien lo recogió desde que era un niño y lo educó como si fuera su hijo, preparándolo para que tuviese una mejor vida sin sospechar que su vigorosa mujer lo corrompería y lo haría a su imagen y semejanza hasta convertirlo en su amante. Cuando Leoncio descubre la relación que existe entre su mujer y su ahijado, y que ésta lo ha engañado y traicionado, le tiende una trampa para desenmascararla y lo logra, por lo que decide que se divorciará de ella y la dejará en la calle, que fue el lugar donde la conoció en Río, antes de llevarla a vivir a su imponente hacienda. Pero Ana Flávia es inteligente y acude de inmediato al brujo Bocó para pedirle un remedio con el que pueda dormir a su marido unas horas. El brujo le da una pócima y le advierte que un par de gotas son suficientes para dormir a alguien pero si usa gotas demás podría obtener resultados mortales. Ana Flávia sin embargo desea a su marido muerto y por ello pone una fuerte dosis en su bebida y lo provoca para que la descubra fornicando con Sandro, situación que lo agrava más y lo asfixia hasta llevarlo a su muerte lentamente, con el nombre de su amada Otacília en los labios. Tras haberlo asesinado, Ana Flávia disfruta de su victoria y en el funeral finge un inigualable dolor que sorprende a los presentes, sobre todo cuando da al occiso un beso de despedida en su último adiós. Sin embargo Valquíria, su madre, no le cree y sospecha que la mujer tuvo que ver con la muerte de Leoncio, comprobándolo cuando al llegar a casa la mujer goza, feliz, de que su marido por fin haya muerto para que ella pueda ser la dueña absoluta de todo lo que a éste perteneció. Desde su imponente hacienda hasta las tierras que la rodean, por lo que la sombría Valquíria, llena de frialdad, asegura a la perversa mujer que aún siendo la dueña de todo el oro del mundo jamás dejará de ser la ramera que siempre ha sido ni evitará el seguir pudriendosse por dentro. Llena de furia Ana Flávia calla a su madre, a la que promete que dentro de muy poco disfrutará de los más inimaginables placeres y por ser la dueña de casi todas las tierras de la zona nadie le reprochará absolutamente nada. Celebra su triunfo dispuesta a compartir con él todas las riquezas que ha heredado gracias a la suerte que fornicando con Sandro, a quien promete que la dará absolutamente todo cuanto quiera a cambio de que siempre permanezca a su lado.

Valquíria admira un retrato de Leoncio, al que culpa de haber sido un estúpido que como muchos hombres se dejó engañar por la belleza y la pasión de una mujer hasta volverla su mayor debilidad y, por lo tal, su destrucción.

Gioconda se comunica con Ana Flávia, quien acepta recibirla temporalmente en su hacienda cuanso su prima le cuenta sobre su situación económica y el poco dinero que recibirá al vender su casa. Alcolgar el teléfono Ana Flávia goza y revela a Valquíria que pronto podrá desquitarse de todas las humillaciones que un día recibieron por parte de sus parrintas cuando estuvieron en la cima y ellas no tenían ni siquiera que comer, en las favelas de Río.

Otacília Teixeira, ex amante de Leoncio, está segura de que éste fue asesinado por Ana Flávia tras descubrir los engaños de ésta y revelarle que estaba dispuesto a huir con su joven amante a Europa, dejando a la mujer en la miseria. Habla de esto con su ambicioso hermano, Danilo, el cuál le aconseja que ponga los ojos en otro hombre rico del cual ambos puedan beneficiarse, sin embargo Otacília solo desea investigar qué le sucedió a Leoncio, del cual ella todavía sigue enamorada, dispuesta a comprobar que Ana Flávia de Castro es una asesina.

La vieja Etelvina Lombardi, quien no puede valarse por si misma, es una tacaña que se niega a dar riquezas a su único pariente, Sandro, quien es su sobrino y consentido y el cual constantemente la alegra contándole del amor que muchas mujeres sienten por él y cómo juega con ellas y las desprecia pues él le pertenece a una sola mujer mujer con la que tiene futuro mientras no se case con ella. La vieja Etelvina sabe muy bien de quién habla su sobrino, al que advierte que si juega con fuego prestandose a los juegos y placeres de Ana Flávia de Castro, tarde o temprano se quemará en un infierno en el que se podría condenar pues la mujer lo utilizará solo para sus placeres y lo echará de su lado cuando ya no le sirva. Esto no le importa a Sanro, quien desde hace tiempo en la hacienda tiene un suculento romance con Luana, una sirvienta que está enamorada de él y por ello desprecia a João , otro empleado, hijo del brujo Bocó y a quien su padre asegura que la muchacha jamás se fijará en él pues está llena de ambición y desea convertirse en señora casándose con Sandro, quien solo se burla de ella.

Ana Flávia propone a Sandro que enamore a su sobrina Marilia y le impida salvarse de vivir en la ruina en la que ahora se hunde junto con Gioconda, su madre. Pronto las parientas llegan a la hacienda y Ana Flávia se sorprende por la radiante e inigualable belleza de su sobrina, a la que desde ese momento envidia y odia y la cual la sorprende cuando le revela ser una ferviente católica que sueña con consagrar su vida a Dios, mientras que Gioconda no deja de lamentarse con Ana Flávia y Valquíria sobre el estado económico en el que Dalmiro las dejó al morir.

Sandro se acerca a Marilia, impactándose por su delicadeza y sorprendiéndose por su refinada y exquisita apariencia. Esto despierta los celos de Luana, quien se desahoga con João , el cual le promete que siempre aguardará a que ella le brinde aunque sea las migajas que le queden del amor que siente por Sandro, quien jamás se casará con álguien como ella.

Valquíria asegura a Gioconda que si desea casar a Marilia con alguien de abolengo, su protegido, Sandro, es el indicado pues también ha heredado gran dote de su difunto marido, Leoncio. Giocoda queda encantada al conocer al muchacho y al ser instalada en su habitación hace planes para que Marilia lo conquiste. La muchacha le recuerda que ella desea dedicarse a la vida religiosa pero para Gioconda lo importante es que salgan de la miseria en la que ahora se han hundido antes de que sea demasiado tarde.

Ana Flávia, acompañada por Sandro, se burla de sus parientas y planea hacerles la vida dicícil solo por diversión. Valquiria los interrumpe para recordarle a su hija que una vez ella se vio peor que ellas y ni casandose con un hombre que le diera poder y posición social dejó de ser la vulgar ramera que siempre ha sido. Luego Sandro se pasea por los jardines de la imponente hacienda de Valquíria y descubre a Otacília nadando desnuda en la alberca por lo que se siente demasiado atraído a ella. Se marcha al pueblo, donde se encuentra con Danilo, a quien entera de la llegada de las mujeres y las ambiciones de Gioconda, quien para su edad todavía luce hermosa. Danilo le recuerda a su amigo que el doctor Reginaldo Araújo lleva años buscando esposa sin éxito por lo que qizás un aire europeo le vendría bien.

Reginaldo es un hombre apuesto y con mucho dinero. Lleva muchos años solo y dedicado a su carrera médica y a la crianza de sus hijos, Marcio y Thaís, quienes siempre se han opuesto a que su padre se case nuevamente y juran que no aceptarán una madrastra, siendo este tema de discusión constante en la familia. Sin embargo Reginaldo asegura que el día en que encuentre a una mujer digna de ser su mujer, se casará, pues finalmente sus hijos son lo suficientemente adultos para hacer su vida en solitario.

Valquíria no se separa un solo momento de Marilia, a la que aconseja que conozca a un hombre en todos los aspectos y después decida dedicar su vida a “su Dios”. Sorprendida por el último comentario de la mujer, la muchacha pregunta a ésta en qué dios cree ella si no en el mismo que todos. Valquíria evita seguir la conversación y asegura a la muchacha que en cuanto ésta conozca la vigorosidad de Sandro, quedará fascinada por él, pues la belleza del muchacho es diabólica y capaz de hacer rendirse a sus pies a cualquier mujer.

Ana Flávia celebra una fiesta para dar a conocer a sus parientas ante la sociedad de Campo Real. Cuando Reginaldo conoce a Gioconda, queda fascinado por ella y su sofisticada elegancia. Queda aún más fascinado al conocer a Marilia y descubrir que las mujeres provienen de europa y pertenecen a una familia distinguida, por lo que no se separa un solo momento de la madre, a la que pide que lo deje cortejarla. Gioconda acepta y desde lo lejos es observada por Ana Flávia, quien asegura que tendrá mucho con lo qué divertirse con la llegada de su prima. Propone a Sandro que enamore a la virginal Marilia, la cual es bella y desea ser monja. ¿Que mejor que una beata para llevar a cabo sus siniestros planes? Marco Flávio se rehúsa pero la perversa Ana Flávia se las ingenia para convencerlo, sin embargo el hombre se desfoga con Luana, quien le rompe toda la pasión cuando le dice que lo ama y desea ser su esposa. Sandro le deja claro que ella siempre será la criada con la que él se desfoga pero nunca será su esposa. Ella le hace una escena y él le responde con una fuerte bofetada. Los observa João, quien com lágrimas se resiste para no golpear al hombre y cuando este se marcha intenta consolar a su amada Luana, quien lo rechaza.

Ana Flávia no hace más que sobajar a Gioconda y acercarse cada vez más a la hermosa Marilia, dispuesta a desquitarse de su prima por los desprecios que ésta le hizo cuando fuern niñas y ella y Ambrosía vivían en la pobreza.

Danilo y Thaís se aman pero su amor es imposible pues Reginaldo se opone a que su hija ame a alguien que no tiene nada qué ofrecerle. Sin embargo los muchachos se las ingenian para encontrarse a todo momento, siendo descubiertos por Marcio, quien se enfrenta al muchacho para exigirle que deje en paz a su hermana. Thaís pide a su hermano que no interceda.

Sandro y Marilia pasan mucho tiempo juntos pues él le muestra los alrededores de la hacienda y la lleva a las cascadas y manantiales del lugar, para divertirse. A ellos se unen Marcio y Thaís, quienes brindan su amistad a la muchacha y conviven con ella mientras Gioconda se las ingenia para verse a escondidas con Reginaldo, con quien ha comenzado una relación que Ana Flávia descubre y está dispuesta a destruír llegado el momento. Pronto el hombre hace una fiesta en la que anuncia a Gioconda como su prometida, despertando la ira de sus hijos quienes de antemno rechazan a la mujer, teniendo un fuerte enfrentamiento con su padre, mismo con el que Ana Flávia habla en privado para decirle que sus hijos tienen razón y que Gioconda no es de fiar y se casará con él únicamente por su dinero ya que su marido murió dejandola en la miseria. 
La acusa de practicar brujería y tener siniestros planes para deshacerse de Marcio y Thaís y quedar ella como la única beneficiada tras la muerte del hombre, al cuál ya le ha comenzado a cavar una tumba. Reginaldo se niega a creer en las mentiras de Ana Flávia y la acusa de ser cruel y envidiosa. Sin embargo Ana Flávia, manipuladora, termina convenciéndolo y le pide que no revele a nadie lo que le ha dicho pues no desea verse perjudicada por las bajezas de su parienta, mas lo alienta a deshacer su compromiso lo antes posible. Desesperado, el hombre sale a tomar aire y descubre a Thaís teniendo amoríos con Danilo, al que amenaza con una escopeta, disparándole mientras el muchacho huye y Thaís intenta detenerlo. Aparece a Marcio, quien asegura a su padre que si él se ha empeñado en casarse con una viuda ambiciosa como Gioconda, entonces sus hijos son libres de amar a quienes les plazca.

Marilia conoce a Otacília, quien le dicer que Ana Flávia no es la mujer bondadosa que aparenta, si no un ser víl, sin escrúpulos que asesinó a su propio marido para quedarse con su fortuna y su amante, Sandro. Marilia asegura que su tía quiere a su ahijado como si fuera su hijo pero Otacília está segura de que no es verdad y le aconseja que no caiga en las garras de ninguno de los dos pues está segura de que entre el apuesto joven y la viuda de Castro hay algo más que una amistad pues Leoncio siempre lo sospechó. Es por sus sospechas y por su sigilosa manera de espiar a la viuda que en una fiesta del pueblo de Campo Real, la misma Ana Flávia la enfrenta y la hace ver ante todos como la ramera que intentó robarle al marido. Otacília se defiende pero todos la repudian por lo que se encierra en casa, donde Danilo la consuela y le suplica que enamore a Reginaldo para que al ser una señora de verdad todos dejen de mirarlos como apestados y él lo acepte como prometido de su hija Priscila. Otacília reclimina a su hermano el pedirle semejante cosa como si ella fuera una vulgar ramira, igual a la viuda de Castro.

Ana Flávia, quien se ha encargado de parecer una segunda madre para Marilia, le llena la cabeza a ésta de malos pensamientos sobre Gioconda, quien las descubre y pide a su hija que le diga qué es lo que ha hablado con su tía. La muchacha se niega a revelarlo y entonces Gioconda acude a Valquíria, a quien asegura sentir que en realidad Ana Flávia la desprecia pero no se lo demuestra abiertamente. La vieja aconseja a su sobrina que tome regrese a Europa e intente rehacer su vida allí antes de que sea demasiado tarde pero la mujer no desea perder la oportunidad de volverse a casar y recuperar una posición social que hasta hace poco ya había creído perdida. Se sorprende cuando ante ella aparece Reginaldo, el cuál le pide que hablen y le hace saber estar al tanto de que lo perdió todo y solo desea utilizarlo para recuperar su posición económica. Gioconda asegura que eso no es verdad y el hombre no le cree por lo que en cuanto este se marcha acude a reclamar a Ana Flávia, a la que acusa de soltar calumnias en su contra. Ana Flávia sostiene no ser una mentirosa ni calumniadora y acusa a su prima de ser ella quien intenta abusar de la gente de buen corazón como ella y Reinaldo, al que la mujer busca y le propone que la haga su esposa por bienes separados pues ella se ha enamorado perdidamente de él. Él acepta y hace saber a sus hijos que ha encontrado a la mujer con la que compartirá el resto de su vida

Thaís sufre por el amor que siente por Danilo y asegura a Marcio que si su padre se empeña en separarlos ella no tendrá más remedio que huir con el hombre de su vida. Marcio la apoya y revela estar interesado en Marilia, más no querer que la madre de esta se convierta en la madrastra de ellos.. Thaís le aconseja que luche por el amor que siente por la europea por lo que la busca. 
Marilia se da cuenta de sus intenciones y le revela que ella desea dedicarse a la vida religiosa. Son espiados por Sandro, quien sorprende a la muchacha en soledad y la besa repentinamente. Ella se sonroja y lo abofetea para luego revelar lo sucedido a Ana Flávia, quien se ríe de ella y luego felicita a Sandro, al que acnseja que no descanse hasta que la muchacha le entregue su virginidad.

Otacília confiesa a Etelvina estar segura de que la viuda de Castro es perversa y cruel y que solo Leoncio estaba al tanto de ello, así como de que es sierva del diablo y por esa razón toda la vida se ha negado a visitar la iglesia del pueblo. Etelvina también tiene esas sospechas y teme por el destino de su dobrino Sandro al lado de esa mujer, quien lo tiene cegado y trabajado de alguna forma para que él no se aparte de ella. Otacília le asegura que su sobrino y la viuda de Castro son amantes desde hace mucho tiempo y que Leonel los descubrió y por eso la mujer lo asesinó.

Mientras hacen el amor, Ana Flávia le pide a Sandro que la ayude a impedir que Gioconda y Reginaldo se casen, así como la ayudó a deshacerse de Leoncio. El amante no desea ensuciarse las manos de sangre y por ello Ana Flávia le propone que intimide a su prima y le tiendan una trampa en la que Reginaldo la descubra en brazos del joven y ardoroso amante. Y así lo hacen, pues Sandro se empeña en asediar tanto a Marilia como a Gioconda, a la que asegura haber enloquecido por ella. Vanidosa, Gioconda se deja llevar y se entrega a él en una vieja finca, mientras Ana Flávia hace saber a Reginaldo que su prometida lo está engañando. El hombre acude a la finca y descubre a su prometida, a la que toma de los cabellos y arrastra, acusándola de ser una mujerzuela. Gioconda sufre amargamente por lo que ha sucedido y al llegar a casa es repudiada por Ana Flávia, quien la abofetea y la acusa por comportarse como una callejera y ensuciar su nombre. Le exige que se vaya de su casa y la pobre Gioconda se desahoga en soledad mientras que su prima celebra con Sandro, al que felicita por su nuevo triunfo. Después se entrega a su joven amante, quien la hace sentir como nunca y tras ello son interrumpidos por Valquíria, quien dice estar segura de que todo fue unp plan de ellos dos para hacer sufrir a Gioconda. Descarada, Ana Flávia lo acepta y su madre la abofetea.

Otacília se presenta ante Reginaldo, quien sufre por el engaño de Gioconda y le cuenta a la muchacha lo que sucedió. Ésta, al saber que Ana Flávia fue quien alertó al hombre, le hace saber que quizás todo se trató de una trampa de la mujer pero el doctor está cegado por el resentimiento y no desea escucharla. Otacília entonces busca a Marilia y descubre que ésta no está al tanto de lo que ha ocurrido. Son sorprendidas por Marcio, quien desea insistir en enamorar a Marilia, cosa que Sandro descubre pronto y se enfrenta al muchacho, al que advierte que la muchacha será para él. Marcio lo reta a que gane el mejor.

Ana Flávia se presenta ante Bocó y le pide que haga un trabajo para que ella pueda atrapar a un hombre hasta el punto de que él enloquezca por ella. La mujer mata a una gallina negra e invoca a satanás para que le de los poderes que necesita para llevar a cabo sus perversos planes.

Valquíria intenta convencer a Gioconda de que Sandro puede ser el hombre que haga feliz a su hija y les devuelva a ambas el respeto de la gente así como darles la vida a la que estaban acostumbradas antes de que la mujer enviudara. Sin embargo Gioconda ya no confía en el muchacho y está convencida de que éste y Ana Flávia confabularon un plan para que Raymundo la sorprendiera y rompiera su cumpromiso, por lo que está dispuesta a llegar al fondo de todo e investigar porqué su prima desea perjudicarla y comienza prohibiendo a su hija que tenga cualquier tipo de relación con Sandro, confesándole que el muchacho intentó seducirla para luego toparse con Otacília, quien le dice creerle cuando dice que Ana Flávia le tendió na trampa y la pone al tanto de que la mujer quizás pudo haber asesinado a su marido para que este no se divorciara de ella al saber que Marco Flavio en realidad es su amante.

João consuela a Luana por el desprecio de Sandro. Se atreve a besarla y ella le corresponde. Son vistos por el ardiente Sandro, quien después la sorprende a solas en una habitación y la maltrata acusándola de ser una ramera. Luana le deja claro que si él se acuesta cin cuanta mujer se le ofrece, ella hará lo mismo, pues también vulve locos a los hombres. Sandro intenta besarla pero ella lo rechaza com fuertes bofetadas por lo que el hombre se violenta y la hace suya por la fuerza.

Danilo y Thaís vivien tan intensamente su amor que ella decide entregarse a él, en el campo, donde son descubiertos por Marilia, a quien Thaís alienta para que acepte ser la novia de Sandro, quien es el soltero más codiciado de la región.

Ana Flávia seduce a Reginaldo y le revela estar interesada en él desde hace mucho tiempo y que por ello le dijo la verdad sobre Gioconda. Él sin embargo la desprecia pues no puede fijarse en la ex mujer de uno de sus mejores ammigos, alarmándose cuando la mujer no hace más que despotricar contra Leoncio y revelar haber estado al tanto de que el hombre planeaba abandonarla para huír con su amante, Otacília Texeira. Reginaldo cae en el juego de la mujer y se la lleva a la cama, donde ella se le entrega con profunda sensualidad al punto de enloquecerlo.

ENERO 2016. Sandro convence a Marilia de que su amor por ella es puro y desea mostrarle las dulzuras de la pasión. La besa en un arrebato y ella se deja llevar por lo que el muchacho la hace suya, alegrando a Ana Flávia cuando le hace saber que ha llevado a cabo su plan. La mujer ríe llena de maldad disfrutando al creer que al haber abandonado Europa para encontrar nuevamente la felicidad su prima Gioconda termine de hundirse en la vergüenza, jurando que no descansará hasta terminar con todos y permanecer al lado de Sandro, el único que le ha demostrado verdadero amor y lealtad a pesar de que Etelvina aconseja al muchacho que se cuide de la viuda pues ha investigado y, en verdad, desde antes de que se casara con el difunto Leoncio, había tenido problemas por sus exravagancias y creencias. Sandro cree que su tía se ha dejado influenciar por la loca Otacília, a la que exige que deje de calumniar a Ana Flávia cuando ella fue la amante de su marido. Otacília asegura que ella y Leoncio se amaron y él murió por haber descubierto algo oscuro en la vida de su mujer, con la que no tenía buena relación desde que descubrió que ésta había enviudado dos veces en y que todos sus difuntos maridos fallecieron de manera misteriosa. Furioso, Sandro advierte a Otacília que si insiste en perjudicar a la viuda de Castro quizás se reencuentre pronto con su amado Leoncio... en el más allá.

Etelvina continúa con sus inestigaciones y pronto descubre que la viuda de Castro no era más que una vulgar ramera en Río y que estuvo casada con dos hombres que murieron extrañamente, aunque nunca heredó a ninguno. Busca a Otacília, con la que comparte la información y las dos deducen que si la primera esposa de Leoncio era una mujer sana, entonces también debió morir asesinada.

Valquíria recuerda el pasado y todos los sacrificios que siempre ha hecho por su hija, la cual es malvada por nacimiento. Sufre al recordar los maltratos de su marido y la miseria en la que vivió durante muchos años, empujando a su hija a la mala vida, por lo que se siente responsable de que ahora Ana Flávia sea una mujer perversa.

Otacília revela a Danilo creer que al igual que otros hombres Sandro está embrujado y por eso Ana Flávia lo maneja a su antojo. Danilo se lo cuenta a sus conocidos y a Thaís, quien a su vez se lo dice a su padre y hermano por lo que pronto en el pueblo se corre el rumor de que la viuda de Castro tiene pacto con el diablo y muchos acuden a linchar a Bocó, acusándolo de ser su cómplice. El brujo es defendido por su hijo, João, a quien la gente aparta de su camino para golpear al brujo y luego dirigirse com el hombre atado hasta la hacienda de Castro, donde acusan a la viuda de haber vendido su alma a satanás. Ella asusta a todos com escopeta en mano y se estremece cuando la gente prende fuego al brujo Bocó, quien arde en llamas y es salvado por el sufrido João, quien lo lleva a una clínica y suplica a Reginaldo que salve a su padre pero Bocó muere inesperadamente.

Sandro se asombra cuando Etelvina lo presenta con la hermosa Simone Proença una investigadora que la ayudará a dar com la verdad que necesita y que por ordenes de la anciana oculta al hombre el verdadero motivo de su etancia en Campo Real. Etelvina por su parte aconseja a su sobrino para que se deje conquistar por la mujer, com la esperanza de que el joven se olvide para siempre de la viuda de Castro. Tan encantado queda Sandro por la belleza y alegría de Simone, que cuando la ahora enamorada Marilia le confiesa que se há enamorado de él desde que le hzo el amor, él no hace más que despreciarla y asegurarle que solo deseaba desflorarla. La chica reacciona violentamente contra él y entra en crisis por lo que Valquíria decide cuidarla y le aconseja que se vaya de Campo Real antes de que sea demasiado tarde.

Gioconda habla con Reginaldo, quien la desprecia y le revela que Ana Flávia le abrió los ojos para que supiera quién es en realidad. La mujer busca a su prima y la acusa de querer hacerle daño incluso a través de su hija. Ana Flávia abofetea a su prima y le reclama el vivir bajo su mismo techo y recibir su piedad y misericordia y a cambio acusarla de algo tan grave. Ana Flávia llora amargamente haciéndose la víctima, mientras que la confundida Gioconda se asombra cuando Ana Flávia le revela que en realidad quiere hacerle daño y hacerla pagar por todos sus insultos y humillaciones cuando fueron niñas. Ambas mujeres sacan a relucir sus errores siendo Ana Flávia la perdedora pues Gioconda le recuerda que fue tan muerta de hambre que se tuvo que prostituír para poder comer y su madre la vendió con el mejor postor. Ana Flávia abofetea fuertemente a su prima, quien luego habla con Marilia y ésta le confiesa que se entregó a Sandro y ahora este la ha despreciado.

Reginaldo no permite que Thaís se vea con Danilo por lo que la muchacha decide huir con su amor lejos de las imposiciones de su padre, quien de inmediato emprend una búsqueda para encontrarla aceptando la ayuda de Ana Flávia, como prueba del supuesto amor que la mujer siente por él. Se deja seducir por lo que la lleva a su cama, donde ella le hace tomar una bebida que lo embruja y lo hace arder en pasión por ella.

Sandro y Simone pasan tiempo juntos y son vistos por Gioconda, quien enfrenta al hombre y aconseja a la investigadora que no se deje engañar pues Sandro ha hecho suyas a casi todas las mujeres de la región y es el amante de planta de la viuda de Castro, quien a demás de ser una ramera, asesinó a su marido y tiene pacto con el diablo. Sandro niega que eso sea verdad pero aparece Otacília y sostiene lo que Gioconda ha dicho. Sin embargo a Simone poco le preocupan las habladurías de la gente y decide que está encantada con el apuesto hombre, con quien nada desnuda en el manantial, sorprendiéndolo por su belleza y atrevimiento mientras le hace preguntas sobre Ana Flávia, mientras que Gioconda hace saber a Marilia del romance entre Sandro y la fuereña por lo que la muchacha llora llena de sufrimiento. Su madre le propone que regresen a Portugal e intenten empezar de cero pero Marilia se ha encaprichado y no quiere separarse de Sandro.

En Río de Janeiro, Danilo y Thaís se enfrentan a unos maleantes que solo se burlan de ellos por sus refinados modos de actuar. Los hacen sus presos y pronto él hace amistad con uno de ellos, Edilson, quien descubre que los chicos huyen de su familia y decide brindarles su ayuda por lo que los hospeda n su casa, en una de tantas favelas.

Ana Flávia se presenta en la iglesia, provocando que el aire sople fuertemente y los fieles se asusten. El sacerdote le da la bienvenida peor no así la gente, la cual la acusa de ser sierva del diablo. Todos son apoyados por Otacília, quien se enfrenta a la mujer la cual la abofetea asegurando que la aplastará como a un insecto, sorprendiéndose cuando Otacília le dice estar segura de que ella asesinó a Leoncio al igual que a sus maridos pasados. La gente enardece por lo que el sacerdote pide a la viuda de Castro que huya antes de que ocurra una tragedia. Ana Flávia se va pero se sabe descubierta por lo que cree que debe tomar cartas en el asunto por lo que de noche visita a Otacília y tras discutir con ella la toma del cuello y la asesina con sus propias manos para entonces incendiar su casa y huir en silencio a casa de Reginaldo, a quien le pide que la haga suya y se queda a dormir con él.

Marilia sorpende a Sandro al aparecer desnuda ante él. Le suplica que la haga suya y él no se resiste por lo que incendia pasión y la mujer le confiesa estar perdidamente enamorada. El hombre la besa y le asegura que pueden ser amantes pero nunca cónyuges.

João convence a Luana para que le de una oportunidad y así ella intente olvidar a Sandro. La muchacha acepta y pone todo de su parte pero siente que la pasión que su amante siempre le há hecho sentir no se compara com la de ningun outro hombre.

Ana Flávia envenena cada vez más a Marilia contra su madre y ha convencido a Reginaldo de casarse con ella tan pronto como aparezca Thaís, teniendo la aprobación de Marcio, quien insiste en visitar a Marilia para enamorarla a sabiendas de que ésta está enamorada de Sandro, quien oculta a Ana Flávia el ferviente affair que sostiene con Simone, la cuál es instruida por Etelvina para tener al muchacho comiendo de su mano y así conseguir toda la información que necesitan para hundir a Ana Flávia, quien se alarma cuando Marilia se siente mal y al visitar al doctor Araujo se entera de que está embarazada.

Danilo y Thaís viven su amor en Río y ambos han conseguido trabajo gracias a Edilson. La muchacha se comunica con Marcio, quien le cuenta de la muerte de Otacília. Al enterarse Danilo sufre y cree que es tiempo de volver a Campo grande a cobrar venganza pues está seguro de que Ana Flávia tuvo que ver con la muerte de su hermana por lo que a su llegada alborota al pueblo para planear un linchamiento a la viuda de Castro.

En la hacienda se presenta Dudú Pinheiro, quien busca a su amada Marilia y sorprende a Ana Flávia con su belleza, por lo que la mujer le miente y ordena que su sobrina sea encerrada en su habitación mientras ella intenta seducir al apuesto hombre, al que dice que Marilia ha abandonado Campo Real por unos días. La mujer es cortez con el hombre, al que invita a hospedarse en su hacienda y dar un paseo, seduciéndoloal punto que se atreve a besarlo. Él no cae en sus redes y la rechaza, asegurando que su amor y su cuerpo pertenecen a Marilia. Proto el muchacho se encuentra cn Gioconda, quien se siente feliz de verlo y lo lleva donde su hija, la cual abraza a su ex enamorado, el cual le revela que la ha ido a buscar para casarse con ella. Marilia llora y le revela que está embarazada.

Sandro exige a Marilia que se deshaga del hijo que espera pero ella se niega y jura que aunque él la rechace ella será madre. El hombre se violenta y se atreve a abofetearla asegurando que no permitirá que por el mundo se esparzan bastardos que luego quieran reclamarle su paternidad y arrebatarle la herencia de la que goza. Marilia lamenta que para el hombre lo más importante sea el dinero. Dina después asegura al muchacho que sus días están contados pues tarde o tembrano tanta vanidad y tanta ambición lo destruirán. La anciana descubre que este tiene amoríos con Mariia y se lo hace saber a Ana Flávia, quen se prepara para ir a enfrentar a su rival pero es detenida por Reginaldo, quien asegura no poder vivir sin ella y la besa apasionadamente. La mujer lo rechaza, así como sus caricias, y le pide que nunca más la vuelva a buscar. Él le suplica que no lo desprecie e intenta obligarla a besarlo pero son sorprendidos por Sandro, quien defiende a la mujer, comprobando así el doctor que Gioconda tenía razón y Ana Flávia y su ahijado son amantes. Les grita lo avominables que le resultan y se va. Luego la mujer reclama a su amante el tener un relación con otra mujer recordandole que él le pertenece a ella. Él le reclama tener amoríos con cuanto hombre se le cruza y rehusarse a ser su esposa, por lo que ha decidido hacer su vida al lado de Simone. Ana Flávia lo amenaza con desenmascararlo ante todos si no deshace su romance con la fuereña pues no está dispuesta a compartirlo. Sandro la reta a que lo desafíe y entonces él la destruirá pues se ha aburrido de ella y sus juegos sin sentido. El muchacho se marcha con su amada Simone, quien le revela saber todo sobre él y no estar dispuesta a permitir más engaños y mentiras. El hombre culpa a Ana Flávia por el desprecio de su amada y jura que se vengará. Habla con Etelvina, quien le revela que ha sido ella la que contrató a Simone para investigar a Ana Flávia y han dado con su sucia verdad. Suplica al muchacho que le diga que él no fue cómplice de la mujer en el asesinato de Leoncio pero Sandro ni lo niega ni lo acepta.

Dudú y Simone se conocen y ambos simpatizan por lo que comienzan una amistad que se transforma en algo más por lo que él abandona la hacienda para instalarse en la misma posada en que la muchacha vive. Pronto hacen el amor y ella le cuenta lo que sabe de Ana Flávia y Sandro por lo que lo alerta para que se aleje de ellos.

Thaís y Marcio intentan convencer a Danilo de que se abstenga de querer cobrar venganza contra la viuda de Castro sin pruebas de que ella asesinó a su hermana pues todo fue un accidente. Danilo está convencido del crimen de la mujer pero Reginaldo le asegura que la noche en que su hermana murió Ana Flávia durmió con él, por lo que no pudo ser la responsable de la muerte de Otacília.

Gioconda enfrenta a Ana Flávia, quien llena de rabia y harta de sus acusaciones la sacude y abofetea en las caballerizas, donde la empuja y Gioconda cae sobre una pala que se le entierra en la cabeza, perdiendo así la vida. Asustada, Ana Flávia exige a João que se deshaga del cuerpo y le jura que si llega a decir una sola palabra lo matará. El muchacho envuelve el cadáver en un saco lleno de piedras y lo arroja en el manantial mientras que Ana Flávia escrbe una carta de despedida dirigida a Marilia, falsificando la letra y firma de Gioconda.

Thaís le hace saber a Reginaldo que Danilo la ha cuidado y respetado y que nunca le tocó un pelo mientras estuvieron en Río. Danilo habla con el médico, quien decide aceptarlo como novio de su hija y se hunde en el alcohol poco a poco al no poder olvidar a Ana Flávia, a la que busca y de rodillas le suplica que le haga en amor. Ella le propone montar un caballo y se entrega a él encima de la bestia, mientras cabalgan. Lo lleva al manantial, donde le dice que será la última vez que se vean. Reginaldo intenta hacerla suya nuevamente, alcoholizado y ella lo empuja a las aguas, donde lo ahoga para luego escapar en su caballo. La muerte del hombre llena de horror a su familia y la cínica mujer se presenta al funeral para dar el pésame a sus hijos.

Dudú intenta convencer a Marilia para que regrese con él a Portugal y se casen pero la muchacha se nega por lo que el hombre se despide de ella.

Danilo revela a Marcio que Otacília investigaba a Ana Flávia pues estaba segura de que ésta estaba detrás de la muerte de Leoncio de Castro. Marcio confiesa sospechar que su padre también murió por culpa de la mujer, quien lo enamoró hasta el punto de obsesionarlo para luego despreciarlo. Danilo entonces considera que la mujer puedo estar detrás de la muerte de su hermana y la muerte del doctor Araujo y acude a Sandro, al que exige que le diga qué es lo que sabe sin lograr hacerlo decir nada. Marco Flavio alerta a Ana Flávia, a la que le asegura que ha cometido errores y al encontrarse el cuerpo de Reginaldo también se encontró el de Gioconda por lo que la mujer acude a João y le exige que le diga qué es lo que hizo com el cuerpo de su prima, estremeciéndole cuando este revela que lo hundió en las aguas del manantial. La viuda de Castro lo abofetea vilmente y lo corre de su hacienda por lo que el muchacho pide a Luana que se vaya com él. Ella acepta, dispuesta a olvidarse de Sandro, quien descubre su partida cuando la busca para desfogarse.

Simone ha conseguido todas las pruebas para hundir a Ana Flávia y se las entrega a Etelvina, de quien se despide para marcharse. Cuando la anciana alerta a Sandro de la partida de la muchacha, este acude a buscarla pero ya es demasiado tarde. Se emborracha y Ana Flávia se burla de él asegurando que no tiene más remedio que seguir a su lado. En venganza el muchacho pide a Marilia que se case con él pero ella lo rechaza y se concentra en la desaparción de su madre, revelando a Valquíria sentir mucho miedo de que Gioconda esté muerta. La anciana exige a Ana Flávia que le diga qué es lo que le hizo a su prima y la muy cínica se lo dice.

Gioconda es enterrada y Marilia sufre irremedilemente por su muerte. Es consolada por Dudú, quien le pide que no lo piense más y se case con él para que pueda darle un padre al hijo que espera y se olvide de las desracias que ha vivido desde la muerte de su padre. Ante ellos aparece Sandro, quien da el pésame a la muchacha, la cual con llanto le dice que Ana Flávia no es buena y está convenida de que mató a su mamá. El apuesto muchacho pide perdón a Marilia, a la que revela que la sedujo por ordenes de su tía, quien quiso hacerle daño desde un principio. Promete que la ayudará a vengarse, pues está en deuda con ella. Pronto el amante se presenta ante la viuda de Castro, a la que confiesa estar cansado de su maldad asegurando que se han convertido en enemigos por lo que de su parte todo el mundo sabrá que ella no es más que una vulgar ramera y que por ello su marido intentó abandonarla sin lograrlo porque también es una asesina que se deshizo de él para no perder su fortuna, lo mismo que hizo con sus dos anteriores maridos, temerosa a terminar como empezó su travesía: En un modesto y vulgar burdel. Ana Flávia lo reta a que lo haga, segura de que puede vencerlo pero Sandro no le tiene miedo y se marcha.
Desesperada, la mujer intenta nuevamente seducir a Dudú, al que pide que mate a su enemigo e impida que los separen. Dudú la rechaza y la acusa de estar desequilibrada. La mujer no tiene más remedio que actuar por su propia cuenta y cita a Sandro en el cobertizo de su hacienda, donde se desnuda y le asegura que le hará el amor como nunca. Él la rechaza pero la mujer se las ingenia para seducirlo, asegurando que ya todo se terminó y no lo obligará más a ser parte de sus juegos. Los amantes hacen el amor y ella pronto le clava un puñal en el corazón, asesinándolo. Luego riega gasolina por todo el lugar y prende fuego, riéndose diabólicamente sin sospechar que Danilo y Marcio han alborotado al pueblo y todos van en su búsqueda para lincharla. La mujer no sospecha que su madre, Valquíria, la ha visto asesinar a su amante y prender fuego por lo que cierra la puerta del cobertizo con un candado, dejándola atrapada en el fuego por lo que cuando la gente del pueblo llega se horroriza al escuchar los halaridos de la mujer, mientras que Valquíria se entrega a las autoridades.


TIEMPO DESPUES: Thaís y Danilo se casan llenando de felicidad a Marcio, quien continúa la carrera de su padre como médico de Campo Real. A la felicidad se une Edilson, quien ha viajado desde Río para celebrar con sus amigos.

Faustina, muy enferma, no deja de pensar en su sobrino Sandro, culpando todos los días a la viuda de Castro por su fatal destino.

Valquíria termina los días en una cárcel, arrepentida por la vida a la que arrojó a su hija por necesidad económica.

Marilia, quien heredó a su tía Ana Flávia, ha dado a luz a un precioso niño y se ha unido al gran amor de su vida: Dudú, quien la acompaña a entregar la hacienda de Castro a sus nuevos dueños para marcharse los dos juntos, muy lejos.

Los nuevos dueños de la hacienda son una joven familia que ha llegado con sus pequeños hijos, los cuales encuentran en el sótano una vieja pintura de una imagen aterradora, pues en ella aparece el diablo casándose con una hermosa mujer. Esa mujer de la pintura no es otra que Ana Flávia... la viuda de Castro.

FIN










© A VIÚVA DE CASTRO DR. 2015
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(R) 1999 (P) 2015